La vie en Noëlle

23 ene. 2015

Diez cosas absurdas

¡Hola, hola! Estoy blogueando a las 10 de la mañana, algo insólito y aterrador. Os cuento: tengo un griponcio espectacular. Bueno, he estado peor, pero soy muy pupas y con poco ya "muero". Quizás estoy así por salir el sábado con temperaturas pingüinales, o por cuidar a mi novio enfermito el martes, o quizás y sólo quizás, porque al quitarme la resina de los aparatos me inundaron con agua helada y me mojaron toda la cara. Anyway, tengo tos (ahora un poco más humana, ayer era de ser de inframundo), moquitos en una nariz muy pequeña, dolor de cabeza y flema insoportable en el cuello.

Pero no estoy aquí un viernes a las 10 de la mañana para hablaros de mis mocos (¿o sí?) ni para contaros rápidamente que estoy súper feliz sin aparatos, que no me reconozco, que aún no lo asimilo, que no parezco yo, que pronto bloguearé la apasionante historia de mis dientes... No, estoy aquí porque no podía seguir durmiendo y me han venido a la cabeza un montón de momentos absurdos que, por desgracia, soy la absoluta protagonista. Con sólo 21 años he vivido los siguientes momentos ridículos y vergonzosos de los cuales no estoy nada, nada orgullosa.

DIEZ COSAS ABSURDAS QUE LAMENTABLEMENTE SON VERÍDICAS Y AÚN ASÍ TENGO EL VALOR DE SEGUIR SALIENDO A LA CALLE



1. Ir a un bar-museo especializado con cervezas de importación y decir a la camarera "es que no me gusta mucho la cerveza"

2. Tener la sensación de caerme dentro del retrete y casi romperme el codo al intentar agarrarme al mármol (esto pasó ayer...)

3. Mi primera vez comprando pan, me dijeron "gracias" al pagar y contesté "de nada".

4. En primaria, casi decir "Sailor Moon" al recitar en voz alta los planetas del sistema solar.

5. La primera vez que entré en los metros nuevos de Barcelona, me comí la barra del centro con toda la cabeza. Iba disfrazada de Hinata para el Salón del Manga.

6. La primera y única vez que dejé que mi madre me cortara el flequillo. Gran error.

7. Tener las manos llenas e intentar abrir las papeleras del McDonalds con el pie. Con un trabajador justo detrás que al final dijo "...¿quieres que te ayude?". Joana mirando, fue el día que nos conocimos.

8. Todas las veces que he comido nata sabiendo que me hace vomitar casi al instante. ¿En qué estaba pensando? ¿"Esta vez no me dará alergia porque es un milagro de Jesucristo"?

9. Hacerme un esguince en el pie por correr para ver una actuación de "El número uno" de Antena 3. Literalmente chuté el pie metálico de la cama.

10.  Asustarme hasta el punto de dar un saltito y gritar al verme reflejada, inesperadamente, en un espejo. En público.

Todo esto (y más que me llevaré a la tumba porque es demasiado vergonzoso y yo tengo mi pequeña dosis de dignidad) en sólo 21 años. Puedo cometer una cosa absurda hoy mismo, no os defraudaré. De hecho podría hacer un apartado sólo de golpes, lesiones y torpezas, como el latigazo cervical que me hice yo solita al chocarme con la puerta de mi armario. No estoy a salvo en mi casa. En fin, eso es todo... por hoy, claro. Mañana cumplo 22 añitos y me hace especial ilusión. ¿Por qué? Porque en parvulitos cada uno era un dibujo y yo (qué casualidad la vida) era un lápiz. Y al entrar a primaria pasé a ser un número, y ese número fue 22, el más codiciado, los "dos patitos", el más cuqui. Y mañana ya los tengo encima y tengo que admitirlo... por primera vez, la edad pesa un poquitín. 

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