La vie en Noëlle

23 sept. 2015

¿Poliqué?

Hoy quiero escribir sobre algo tabú, algo que se sufre en silencio. Y no, no son hemorroides... pero casi. Hoy os quiero hablar de los ovarios.

Veréis, los ovarios son algo fascinante. Todos venimos de la maravillosa fusión de un óvulo con un espermatozoide. Los ovarios se encargan de expulsar óvulos a la intrépida búsqueda del espermatozoide que lo capture. Los fabrican y los expulsan, tanto si quieres como si no. Cada mes cumplen con su cuota con orgullo y si sus pequeños productos no consiguen realizar su cometido... llega el drama.


A algunos les asquea hablar de algo tan biológico y humano como la menstruación (y es aquí donde apoyo la propaganda de "ojalá os de tanto asco las violaciones como la menstruación"). Es algo fisiológico, natural. Tan natural como cagar. Las mujeres llegamos a la pubertad conociendo la peor parte de ser mujer. E incrementamos el odio que nos tenemos mutuamente cuando aparece una iluminada que dice "yo ni me entero cuando tengo la regla, jeje". 

Yo soy de esas cuya menstruación es un auténtico drama. Ya hace una década que mi violenta amiga me acompaña cada mes y me ha dado muchos problemas. A los diecisiete, cinco años después de haber empezado nuestro viaje, descubrí que tanto dolor y tanta hemorragia se debía a que mis ovarios eran especialitos: micropoliquísticos. Micro, de pequeño. Desde entonces tomo una pastilla al día que más o menos ha conseguido domar a la bestia.

La bestia, el dragón... Sé que es "feo" excusar un mal comportamiento o un mal humor al dragón que tenemos dentro de nosotras una semana al mes... Pero es tan real como la vida misma. A veces me he enfadado conmigo misma sólo de escuchar mi propia voz en mi cabeza, otras veces me he puesto a llorar sólo por ponerme la camiseta del revés. Las hormonas son los eructos flamígeros del dragón. De repente están ahí; además del dolor, el malestar, la incomodidad, la flojera... Personalmente, a mi propia versión monstruosa la llamo Nodzilla.

Creí tener dominada a Nodzilla (sobre todo su dolor y su sangrienta manifestación) hasta que hace unos meses volví a sentir que ella me dominaba a mí. A los veintidós años vuelve el drama. Y ahora es cuando os hablaré de los ginecólogos.

Supongo que no es justo criticar a la sanidad pública porque bastante tienen encima. Lo sé, lo sabemos, y los apoyo. Pero en cuanto a ginecólogos estoy hasta el mismísimo protagonista de hoy. Te dan hora de mes en mes, mínimo. A veces he tardado hasta tres meses en conseguir ver a mi ginecólogo. Y otras veces he ido de urgencias y, a pesar de no haber absolutamente nadie, no me han hecho ni caso. Se toman su tiempo (y su café) entre visita y visita y cuando llaman a alguien y este alguien no está vuelven a sus confines para su siguiente café. Y no lo entiendo, no entiendo cómo puede funcionar tan mal algo que es tan importante como lo es un ginecólogo. De la misma manera que es incomprensible el IVA de lujo en las compresas. No considero que se trate de un especialista tan tan exclusivo. Estamos hablando de algo que tenemos la mayoría de mujeres, y que de hecho, de no tenerla (en años fértiles) es todavía más motivo de visita al ginecólogo. 

Como decía, el drama volvió. Y tuve que volver a ir al ginecólogo. Acompañé a mi madre y aproveché para hacer la pequeña consulta con la esperanza de tener alguna respuesta. Sólo conseguí visita para el 22 de octubre. En preferente. Para volver a explicar lo mismo y de ahí mandarme a otro sitio a hacerme una ecografía (dos semanas mínimo) y luego tener que volver (otro mes más) para saber los resultados. Y claro, si realmente "te mueres" pues ve al hospital, con un doctor que no te conoce y tras comerte más de ocho horas de sala de espera. 

Realmente pasé una semana muy muy malita, aún tomando la pastilla que debía tomar correctamente. Así que decidí ir por lo privado y fue una de las mejores decisiones de mi vida. Nodzilla estaba desatada porque mis ovarios ahora eran poliquísticos. ¿Poliqué? Sí, sí, sin micro ni nada. Enormes quistes que se pueden contar fácilmente a través de la ecografía. Necesitaba una dosis de pastilla mucho más fuerte para aplacar a la bestia, que había crecido y estaba haciendo una reunión de amigos en mi cuerpo.

¿Drama? Muchísimo. Pero tonterías aparte, nunca descuidéis algo tan vital como es vuestro aparato reproductor. No menosprecies alguien que se queja de verdad, no aguantéis dolores casi inaguantables. No debería doler tanto y, si duele, miradlo bien. 

P.D.: #PrayForNolee. Pobrecita de mí (soy una pupas).

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