La vie en Noëlle

9 nov. 2015

Polillas asesinas

Hoy vamos a hablar de algo serio. Muy serio. Os voy a relatar con pelos y señales historias terroríficas basadas en estremecedores hechos reales. Vais a conocer de primera mano auténticas experiencias cercanas a la muerte. Hoy os quiero hablar de mi tensa relación con las polillas. Con asquerosas polillas asesinas.



Escalofriante, ¿verdad? Antes de que sigas leyendo, querido lector (o polilla), quiero dejar constancia de que las tres anécdotas que relataré a continuación son 120% verídicas y si suenan exageradas es porque yo, de por sí, soy una "exagerá". También quiero aclarar que ninguna polilla (por muy ser de inframundo que sea) ha sufrido daño alguno (excepto la de la tercera anécdota, pero no fui yo, mis manos están limpias). Básicamente porque si una polilla ya me aterra y me da asco no os podéis imaginar lo que supondría para mí limpiar la escena del crimen con un cadáver putrefacto. En fin, ¡vamos allá!

PRIMERA ANÉCDOTA: LA POLILLA KAMIKAZE

Mi primer contacto con una polilla asesina transcurrió hace un par de años. Estaba en ésta, mi habitación, sentada frente al portátil tal y como estoy ahora. Era de noche y ya tenía la puerta cerrada desde hacía un rato. También tenía la ventana cerrada (aclaración: igualmente mi ventana da al lavadero, no al exterior). Sólo estábamos yo, el ruido del teclado y la luz blanca de la pantalla cuando de repente... Escuché un golpe contra el armario. Y luego otro. Me giré y vi un espécimen oscuro en el techo, aleteando y golpeándose como un imbécil contra el armario. Era tan grande como la palma de mi mano pero antes de que pudiera descifrar de qué se trataba se dio un último golpe y se introdujo debajo de mi cama. Tal-cual. Cogí el móvil y me envalentoné, decidida a mirar qué se había metido ahí debajo y por qué no quería salir (no sin antes tirarme de los pelos y morderme las manos para no gritar): pero no había nada. O mejor dicho; no vi nada. 

Fui a despertar a mi madre (sí, como un bebé) diciéndole que una especie de "murciélago" se había estampado contra mi armario y ahora se había metido debajo de mi cama. Pero ni puto caso, estaba demasiado dormida y me mandó a freír espárragos/murciélagos. Volví a buscar debajo de mi cama con un poco más de sangre fría y seguía sin ver nada. Me quedé un rato más en el ordenador con la puerta abierta rezando para que, de haber algo debajo de mi cama, ese algo decidiese que ya era hora de pagar la cuenta e irse.

Tras una hora de inactividad monstruosa me dispuse a dormir. Apagué la luz, me tapé y cerré los ojos. Pasaron unos minutos (suelo tener insomnio y no me duermo al instante) y allí estaba otra vez. Ese ruido de golpes contra el armario. Abrí la luz al tiempo que me volvía a tragar el corazón y la vi contra la pared: una polilla del tamaño de mi cara. Una polilla sádica que me retaba con su mirada... ¿Quieres jugar a un juego? Después de intentar cogerla (con lágrimas en los ojos) y que se me escapara una vez cuando ya la tenía en las manos conseguí atraparla. Noté sus patas moverse de forma frenética en el hueco que había creado entre mis palmas y yo hubiese deseado gritar muy fuertemente. Tenía que deshacerme de ella porque, como ya he dicho, matar a semejante monstruo de tal tamaño supondría un cadáver todavía más asqueroso con el que no quería convivir. Giré el pomo con mis brazos, fui hasta el baño, la solté y volví (corriendo) a mi habitación. Ahí te quedas, guarra.

SEGUNDA ANÉCDOTA: LA PEOR DE TODAS

Sé el día exacto: 2 de abril de 2014. Al igual que la primera anécdota ocurrió justo antes de irme a dormir, pero esta vez sin golpes contra el armario. De repente, con todo su papo, vislumbré (como pa' no verla) otra gigantesca polilla en mi hermosa pared. Estaba todo cerrado, todos dormían, era tarde; tampoco grité aunque lo hubiese deseado. Empecé a perseguirla pero la muy cabrona era rápida y astuta: conocía mi corta estatura así que se posaba en los sitios más elevados. Me las apañé para hacerla volar unas cuantas veces pero al final la perdí de vista. Busqué en todas partes... ¿dónde se había metido? No podía escapar por ningún lado y, repito, era enorme como pa' no verla. Sólo podía estar en un lugar... en las luces que tengo encima de la cama. Pero no llego (ni saltando en la cama) así que cogí el móvil, estiré los brazos e hice una foto con flash. La polilla salió sonriente y favorecida en ese photocall lleno de polvo. No podía hacer absolutamente nada para sacarla de allí, no llegaba de ninguna de las maneras y echar gasolina y prender fuego a la habitación no era una opción (por desgracia).

Así que, hablando de ello con mi mejor amigo (sí, el mismo de la entrada anterior) me dijo que la ignorase y me pusiese a dormir. "Las polillas no pican, ni atacan... no hacen nada", me dijo. Al final me rendí (llevaba casi una hora observando como la polilla permanecía impasible en las alturas) y me fui a dormir NO SIN ANTES taparme hasta arriba con la sábana. A día de hoy sigo agradeciendo haber estado tapada hasta arriba con dicha sábana (que luego debería haber quemado).

Sin exagerar: apagué la luz, me tapé toda la cabeza y me quedé boca arriba intentando respirar a pesar de la sábana. Pasó un minuto, dos como mucho, y entonces la muy hija de la gran puta empezó a rebotar encima de mi cara. Lo que hizo aquella primera polilla contra el armario... pero contra mi cara. Noté a través de la sábana como se posaba en mi puñetera cara (seguramente con intenciones de asfixiarme) y salté, me dio un infarto, abrí la luz, sufrí otro infarto y busqué (tirada en el suelo y recuperando el aliento) dónde estaba ese bicho. Al final la encontré entre mis sábanas (lloro), la cogí sin problemas y repetí la misma estrategia que con la primera. Ésta es, sin duda, mi peor experiencia "polillera". Y lo mejor de todo es que tengo las pruebas gráficas de lo sucedido. Fijaos en los minutos, por favor:



Click para agrandar la imagen, tan grande como la polilla

TERCERA ANÉCDOTA: SUSTO MUTUO

Ya estamos llegando al final de esta terrorífica entrada. Por suerte, la última anécdota es más bien cómica (y yo contaba con ayuda). Sucedió hace unas semanas, en octubre, en casa de mi novio. Habíamos estado con unos amigos (jugando a Little Big Planet 3 hasta altas horas de la noche) y una vez solos ya nos íbamos a dormir (aclaración: estábamos solos en casa, sus padres estaban de viaje). Fui al lavabo, miccioné (como una señorita), tiré de la cadena y me puse delante del espejo con los bártulos necesarios para lavarme los dientes. No sé por qué pero miré hacia mi izquierda, a la pared justo al lado del retrete donde acababa de estar, y allí bien extendida estaba una polilla (otra vez enorme) haciendo parkour sobre la pared como lo suelen hacer. No pude reprimirlo: grité como lo hubiese hecho todas las anteriores veces. Grité de tal manera que acto seguido tuve que reírme, porque la reacción de la polilla ante mi grito fue desestabilizarse durante unos segundos y casi caerse de la pared. Pobre, qué sustico le di... me la imagino gritando conmigo.

Mi novio vino corriendo y yo le enseñé la monstruosa polilla. Antes de irme corriendo hacia la habitación, cerrando todas las puertas posibles entre la polilla y yo, le dejé claro que no podía convivir con semejante bicho. O ella, o yo. Así que mi valiente caballero de pijama reluciente luchó contra el vil engendro alado del infierno. Finalmente el monstruo pereció ante las fauces ardientes del secador de pelo con el que se armó mi héroe. Vamos, se quedó más que tiesa. Descanse en paz... en el infierno del cual procede. 

Y éstas han sido, por ahora, las aterradoras anécdotas que he sufrido con las polillas. Por desgracia sé que no serán las únicas...

4 comentarios :

  1. TIA
    Acabo de leer tu entrada en medio de clase y casi queria llorar de la risa. Por suerte (a veces) soy la reina del disimulo heh)
    MUY FAN DE TUS ANECDOTAS

    ResponderEliminar
  2. JAJAJAJA te imagino totalmente jajajaja (recuerdos en las clases de latín aguantando la risa con el Pere). Gracias :D

    ResponderEliminar
  3. jajajaja me ha encantado las anécdotas, a mi me ocurrió igual con los mosquitos y una araña. Encantado.

    ResponderEliminar
  4. ¡Todos estos bichos hijos de Satán no deberían existir! >:( ¡Me alegro de que te hayan gustado! :D

    ResponderEliminar