La vie en Noëlle

18 dic 2019

Andrea en casa



¡Hola, hola! Me ha costado empezar a escribir esta entrada que tanto (tanto, tanto, tanto) me apetece publicar. Me ha costado y no por pereza, sino porque no sé cómo demonios puedo plasmar con palabras lo feliz que estoy desde hace días sin abusar de mayúsculas ni aporrear el teclado. Imaginadme gritando contra una almohada y ya.

El pasado fin de semana vino desde Valencia Andrea, una "amiga de internet" que conozco desde hace años pero que nunca había podido abrazar. Hasta ahora.

Andrea y yo nos conocimos por RRSS. Juraría que Instagram, o Twitter. Ni idea ya. Nos seguimos mutuamente (estoy casi segura de que fui yo la que la encontró a ella, porque es que su nivel de aesthetics es desmesurado) entre finales de 2015 y principios de 2016. Lo sé porque aparece ordenada cronológicamente por debajo de uno de mis jefes del primer trabajo que tuve (diciembre 2015). Así que sí, podemos decir que las redes fueron el punto de partida.

Desde entonces hemos "interactuado" muchísimo. Likes, comentarios, respuestas... Hasta acabar con el número de teléfono de la otra. Entre nuestros grandes momentos se encuentra la noche de la gala de los Óscars de 2017 que vimos y comentamos juntas, cada una desde su casa. Aguantamos como campeonas toda la noche a pesar del sueño, ¡todo por La La Land! Más tarde nos viciaríamos a OT2017 como buenas faranduleras que somos, lo que terminó por disparar por completo el contador de las horas que pasábamos al día hablando juntas.

Empezó como una "amiga de internet" y acabó siendo una de mis mejores amigas.



Es un apoyo imprescindible, mi mayor fan (patron en Patreon, lectora de Ryu...), la que me anima día a día a perseguir mis sueños. También es una fuente inagotable de risas (de memes y de stickers) y una de las mejores personas (empática y generosa) que he conocido en la vida. Siempre me ha demostrado que está a mi lado a pesar de la distancia, algo que es recíproco porque la adoro. Pero es que en esta ocasión (consciente de que estaba pasando por una racha muy mala) va la tía y embute sus bártulos en una mochilita y se pega cuatro horazas de autobús para venir a arreglarme el año.

¡CÓMO NO TE VOY A QUERER!
(Me obligas a usar mayúsculas)



A dos semanas vista cogió los billetes y llevábamos gritándonos por Whatsapp desde entonces. Puro histerismo. El viernes pasado llegó el esperadísimo abrazo. Sí, en pleno vendaval. A Barcelona llegó el huracán llamado Andrea (Ondruea para las más íntimas). Hicimos turisteo de luces navideñas con todo el pelo en la cara. Perfectamente podríamos haber tenido una "muerte absurda" si se hubiese desprendido una de las mariposas que adornan Passeig de Gràcia. Lo pasamos genial desde el primer minuto, viento incluido.

Esa noche cenamos solas en casa, solas con Ficus. Picoteo, helado choco cookies con dos cucharas soperas y una botella de vino para acompañar al mid season de How to get away with murder. Ella había hecho el esfuerzo de ponerse al día con la serie para vivir por primera vez ese capitulazo conmigo. Gritamos mucho, y yo contra todo pronóstico no he acabado afónica. Fue la primera noche de pijama party, de compartir el mismo pijama de Slytherin (Elena también se lo compró, somos así de frikis). Dormimos juntas en la cama y À en el sofá porque, debo decirlo: tengo el novio más atento y maravilloso del mundo mundial. Todo comodidades para mi visita bonita sin conocerla de nada. (Ets el millor, pastisset!)

Hablando de nuestra querida Elena: esa noche hicimos un Face Time con ella gintonic en mano que, cuando quisimos darnos cuenta, ya había pasado una hora. ¿¡Por qué pasa el tiempo tan deprisa cuando te lo estás pasando tan bien!?



Andrea también vino a Barcelona por Ficus, no todo iba a ser "mi cara bonita".



Al día siguiente vagueamos como focas varadas en la orilla. Fuimos de compras (poquitas, discretas) cuando por fin conseguimos despegarnos de las sábanas. Comimos en el Mussol, en la terraza, acompañadas de Ficus y de À. Le gustó mucho, tanto como a Elena. Y jo, no sabéis la ilusión que me hace que mis amigas vengan de fuera con toda la ilusión por comer y probar mis sitios favoritos. Menos mal que, hasta la fecha, mis gustos no han decepcionado a nadie.



El cielo nos regaló un atardecer increíble, de esos cuyas tonalidades y nubes parecen de película. À capturó una de mis instantáneas favoritas de mi vida con ese paisaje y nosotras quemamos la App de Snow mientras reposábamos la comida.

A la tarde-noche jugamos al Zelda (aguantando las ganas de usar mayúsculas para decir joder, bien, por fin tengo una amiga con la que compartir esta saga me muero de amor) y À nos fue a buscar sushi rico de nuestro japonés favorito. Mientras le esperábamos nos montamos un concierto en casa.



"...fuimos la E-TER-NI-DAAAD"

Todos, absolutamente todos los momentos del fin de semana me encantaron, pero la noche del sábado fue sin duda mi favorita. Vimos el capítulo más reciente de Boku no Hero (nuestra droguita) y luego visualizamos otros dos capítulos antiguos mientras vivíamos un momento beauty con mascarillas faciales Disney recién compradas.



Aquí estamos bailando el opening cuatro. Oh-oh OoOoOh.

Fue un regalazo tener por fin a mi lado a mi querida Andrea, de verdad. ¡Y por si fuese poco ella va y me trajo (más) regalos! Un christmas precioso que tengo colgado encima de la tele, pendientes para compartir (para cumplir con uno de los propósitos de la visita, ¡sigue leyendo y ya verás!), una cosita que es secreto para no chafarle la sorpresa a Elena (misteriooo) y una camiseta de Midoriya para que la compartamos À y yo. Ella tiene la misma camiseta, nótese que somos de esas a las que les gusta ir conjuntadas. Como hermanas gemelas... o sectarias.



De cara a las últimas horas por Barcelona cumplimos con uno de nuestros muchos objetivos en la vida: hacernos un piercing juntas. La verdad es que yo quería hacerme uno desde hace tiempo pero me daba pereza ir sola o con À, me hacía ilusión ir con alguna amiga (y que ella también quisiese uno, no que me acompañase cual madre porque soy una adulta disfuncional como ya habéis podido comprobar). Y de hecho, aún tengo pendiente hacerme uno con otras dos personitas más, pero Andrea adelantó por la izquierda y fue la primera encargada de ir conmigo de la mano para tener ese recuerdo en el cuerpo para siempre.



Somos la estrellita la una de la otra (llorando desconsoladamente por la distancia). La idea de necesitar un piercing empezó en 2017, otro año de mierda; porque ya sabéis que de las malas rachas surgen estas necesidades de cambio. Y podría decirse que sí, tras este año fatídico lo necesitaba. Pero después de su visita, del subidón y de volver a sentir en el cuerpo las endorfinas que tanto añoraba no puedo pensar en este piercing como esa metáfora del agujero en el pecho. 2019 no ha resultado ser tan malo y, en parte, ha sido gracias a ella. Estoy en una nube, subiendo a toda velocidad. Remontando.



Ni la despedida fue amarga. Es que estoy tan contenta que no tengo ni un gramo de tristeza en el cuerpo. Sé que la veré pronto, todo lo que podamos permitirnos (tanto económicamente como por encontrar resquicios de tiempo). Sé que siempre va a seguir ahí, al otro lado de la pantalla. Siendo ese apoyo, esa amiga que lo cura todo.

Os lo digo por experiencia propia: nunca hay una distancia lo suficientemente grande.
Querer es poder. Y joder, Ondruea, yo te quiero un montonazo. De la Tierra hasta Marte.

Ahora, en vez de decirte "VENTE" ya puedo decirte "VUELVE". Qué-fantasía.
La vida es maravillosa y estoy contentísima de vivirla con personas así a mi lado.

2 comentarios :

  1. Jolín Nouela 😭se me han empañado los ojos, se ha hecho esperar pero que fin de semana tan maravilloso ❤️habéis sido los mejores anfitriones del mundo y sigo con los niveles de felicidad desbordados. Esta solo ha sido la primera de muchas 🥺T'estimo molt amiga 🚀🪐

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    1. Hoy hace una semana estaba nerviosita como un flan y tenía miedo de estar nerviosita todo el fin de semana, pero contigo todo es FÁCIL. Gracias por todo lo compartido y por todo lo que va a llegar. T'estimo MOLT.

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