La vie en Noëlle

15 ago. 2016

Nuevos recuerdos

Y se acabó. En un abrir y cerrar de ojos se han esfumado mis preciadas vacaciones. Mañana trabajo; y a pesar de valorar mi trabajo (bueno, que tengo un trabajo de coña, no me odiéis) no puedo evitar estar con un poco de "depresión post-vacacional". Pero eso sólo puede significar una cosa: que las vacaciones han valido la pena.



Lo que más echaré de menos será a Él. Sí, vivimos juntos, le veo un poco por la mañana y luego el resto del día a partir de las seis y pico de la tarde. Pero aún así, Dios, le echaré tanto de menos. Y es que una de las mejores cosas de estos días ha sido poder pasar tanto y tanto rato juntos. Hemos ido a comer a todos y cada uno de nuestros sitios favoritos, a la playa hasta hartarnos (estoy más morena que... bueno, ¡que nunca!), con los amigos de parranda, viciando sin parar... He sido muy feliz estos días, sobre todo las últimas jornadas donde he vivido un retiro espiritual en sitio muy especial.



Así que en vez de quejarme y lamentarme porque mañana madrugo y vuelvo a la rutina (que lo hago y no puedo evitarlo) estoy sacando fuerzas para deleitarme a escribir y plasmar la fantástica aventura que hemos vivido este verano: Una escapada de ensueño al lugar que más marcó mi infancia: El camping La Vall (120% recomendable).


¿Cómo no le voy a querer... si como destino vacacional elige el sitio más especial para mí?



Este camping, situado como su nombre indica en un valle, fue donde viví muchos recuerdos bonitos de mi infancia. En él aprendí a ir en bici y a nadar. Probé el café con leche por primera vez (descafeinado, no juzguéis mucho a mis padres jajaja). Vi innumerables estrellas y capturé millones de saltamontes. Y también me mordió una oca. Un sitio lleno de recuerdos al que ahora puedo sumarle un montón de nuevos.



Hemos comido como cerdos, como auténticas bestias. No hemos cocinado ni un gramo de arroz a pesar de que nuestra súper bungalow incluía cocina. Nuestro culo estaba atado al restaurante/bar y a sus manjares. Además el vino estaba delicioso y barato. Seis botellas cayeron (una por comida).



Dimos muchos paseos, en coche y "a pata". Visitando pueblos con encanto y contemplando atardeceres. El resto de horas se nos escapaban mientras teníamos el culo en remojo en la fantástica piscina del camping (que, al igual que el resto de elementos, no ha cambiado ni un ápice). Obviamente mi pelo rosa desapareció tras esas incontables horas de chapuzones... descanse en paz.





Y además jugamos. Hemos viciado como cabrones. A la Nintendo 3DS, al ping-pong o a juegos de mesa a la fresquita de la terraza con un jersey y una vela anti-mosquitos.



Son un montón de buenos recuerdos en los que regodearse de por vida a la espera de crear unos nuevos igual de fantásticos. Ha sido uno de los mejores veranos de mi vida... y lo que queda, porque aún no se acaba.



Para más imágenes atadas a recuerdos os invito a pasaros por mi Instagram y mi Twitter.



Sed felices que aún quedan días de verano
(y pronto llega mi estación favorita, ¡hurra!)
Au revoir!

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