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Noëlle, 28 años. Artista de manos pequeñas. Madre de plantas y de un perro llamado Ficus. Ilustradora, diseñadora gráfica, fotógrafa aesthetics y bloguera desde la cuna.

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Odiar el rosa


¿Cuál es vuestro color favorito? Yo nací abrazada por el rosa. A muchas niñas nos pasa, ¿no? Y más si nuestra llegada es posterior a la de un hermano varón. Cuando creemos que ya hemos superado los estereotipos más básicos de género (el azul es de chicos y el rosa es de chicas) se pone de moda que la revelación del sexo de un bebé sea todo un acontecimiento. Una fiesta de estereotipos en la que aún hablan los colores.

Podríamos debatir mucho sobre si estos estereotipos son una lacra o es un simbolismo inocente, pero hoy no tenía planeado abrir ese melón. Hoy me apetece escribiros una reflexión en voz alta sobre mi relación con el rosa. Del amor al odio. Del odio al amor.

Creo que este tipo de reflexión está muy vinculada a mi deconstrucción como mujer feminista. Cada día de mi vida es un aprendizaje continuo. Lo que me han inculcado choca frontalmente con la opinión que voy forjando con mi propia experiencia. Observo, escucho, leo, reflexiono y aprendo a ser la mejor versión de mí misma. Y en esto también podríamos debatir abiertamente sobre qué te hace ser mejor o peor; para mi criterio, lo fundamental es ser más empática y entender mejor los sentimientos de los demás. Lo cual crea una confrontación interna, porque ser empático también conlleva ser absolutamente intolerante con las cosas que no debemos tolerar. El derecho por encima del privilegio, porque no todas las opiniones son válidas ni respetables. No quiero desviarme del tema, pero siempre sienta bien decirlo.



Como os adelantaba al inicio de estas líneas, el rosa fue mi primer envoltorio. Mis paredes eran rosas, mis juguetes eran (en su mayoría) rosas, mi ropa era rosa... y si tenía que elegir, elegía rosa. No critico la imposición del estereotipo porque, desde que tengo uso de razón, sé que el rosa no me disgustaba. ¿Cuánto hay de opinión propia si desde bebé te lo meten con calzador? Pues no lo sé, pero sin duda a mí me gustaba ese color.

Así que menudo giro de 180º dio mi vida cuando entré en la fase de negación del rosa. ¿Os ha pasado a vosotras también? De repente lo odiaba. Si me ofrecían la opción rosa fruncía el ceño y me ponía a la defensiva. Recuerdo perfectamente el momento en el que empezó esa época. Tendría unos once años y estaba con mi prima (unos seis años mayor) y su grupo de amigas. Me preguntaron cuál era mi color favorito y yo les respondí que el rosa. Entre ellas comentaron: "Ah, sí, a mí también me gustaba de pequeña."

De pequeña. ¡Pequeña! Qué terribles son esos años de la adolescencia en los que tu único cometido es gritarle al mundo que: no, eres, pequeña. Que no quieres que te traten como a un bebé. Son años complicados (sólo de imaginarlos hacen que se me atragante la ilusión de ser mamá), años de moldear tu propia personalidad. De encontrarte a ti misma cuando ni siquiera puedes encontrar el equilibrio entre ser joven y adulta. El color rosa se convirtió en tabú. Era más probable responder "patata" antes que "rosa" si me preguntaban por mi color favorito durante esa época. El rojo fue la nueva respuesta (¿y qué es el rojo? pues un rosa muy fuerte).

Además de perder el color rosa también perdí el vínculo con el sexo femenino porque éste fue cruel y devastador conmigo. Las niñas se mofaban de mí. Me ridiculizaban. Me rechazaban. No eran mis amigas. Tenía más amigos porque ellos no tenían ningún interés en martirizarme. Empecé a ver lo que se tildaba de masculino (vestir tejanos con zapatillas de deporte, videojuegos, cualquier entretenimiento en el que predominase la acción por encima del romance) como algo mejor y más acorde a mí. Y me contaminé con la idea de que si te gustan las cosas femeninas (como el rosa) eres más infantil, más cursi, más débil. En definitiva... menos válida. Menos válida por ser mujer y por querer ser femenina. La feminidad era un agravante, ya tenía bastante con la desigualdad que acarrea mi género.

En el transcurso de esos años quise que el mundo me tomase más en serio con mis paredes verde lima (de verdad, en qué momento), mis Vans de skater (sin ser yo nada de eso) y mi sentimiento de superioridad respecto a las chicas que decidían maquillarse. ¡Argh! De verdad que me he leído con dieciocho años vanagloriándome por no maquillarme y he querido meterme en ese texto, en ese recuerdo, y abofetearme hasta dejarme inconsciente.

Nos hacen cómplices de esa idea ponzoñosa en la que definimos como "mujer válida" a la que no es femenina. Porque queremos ser fuertes, queremos vestir colores que lancen la advertencia al mundo de que somos peligrosas. Queremos defendernos porque, desde una edad muy temprana, sabemos que nos va a tocar luchar.

Yo me forjé a mí misma y como resultado me sentí interesante y atractiva. Con mis gustos, mis aficiones y mi personalidad. Pero no me sentí completa hasta que abracé de nuevo a mi feminidad. ¿Sailor Moon? Vuelve a estar en el top. Y viva lo cuqui, lo brillante, lo hortera. Gritar agudo y ser más sensible que las cebollas. Maquillarte porque lo disfrutas y vestir incómoda cuando te apetece. Todo eso también es válido y no te quita fuerza, seas del género que seas. Queremos que los hombres lloren y que sus masculinidades no sean tan frágiles como para necesitar que sus cremas hidratantes vengan en un packaging varonil específico (qué absurdo). Queremos disfrutar de todas las cosas de la vida, sin etiquetas ni presiones; simplemente porque nos gusta. Que las faldas no sean algo prohibido para unos ni algo impuesto por obligación para otras. Queremos encontrarnos a nosotras mismas a lo largo del camino y esforzarnos por querernos mucho y hacernos felices.



El rosa volvió a mi vida como una bandera. Es un color con el que me veo guapa, que me da calidez y sensación de hogar. Es un color que me hace sentir amor. Es un color, sin más. Y al igual que todo lo que connota el sexo femenino no debería estar ligado a algo que nos avergüence. No es peyorativo, no nos hace ser menos. No a todas las mujeres les gusta el rosa, y si a una mujer le gusta no es porque sea más básica y tonta.

¿Vosotras también pasasteis por una fase de rechazo al rosa? ¿Aprendisteis alguna lección valiosa en vuestros años mozos? ¿Y cuál es vuestro color favorito? ¡Contadme!

Comentarios

  1. Pasé por la negación al rosa muuuuchos años. Y a las flores y demás cosas "femeninas". Mi color era el verde lima (sí, en qué momento) y luego paso a ser el lila (y ahí sigo) lila, morado berenjena, morado en general. Aparte de eso, me maquillo poco porque nunca ha sido una cosa que me apasionase y me gusta ir más natural, así que lo justito. En cuanto a la ropa, en general voy más cómoda pero tengo mis días de ir incómoda y genial.

    Todas tenemos esas fases... O empiezan en la adolescencia y luego se diluyen un poco (o mucho) o empiezan ya más tarde, y se combina todo un poco (que es lo que ocurre ahora)

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    1. ¡Muy cierto lo de la combinación! Yo ahora mismo me defino como un puzzle de esa parte más masculina (incluso neutral, por así decirlo) con la parte femenina que me ha hecho sentir una reconciliación conmigo misma. Me ha sorprendido mucho que esta negación sea algo tan común, ¡dice mucho del "rechazo" que nos inculca la sociedad! ¡Gracias por pasarte a compartir tu opinión! ¡Un besito bien morado!

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  2. Ay Noe, a cada línea que leía, decía: soy yo jaja. Yo de pequeña estaba obsesionada con el rosa,y lo curioso es que no empezaron a vestirme de rosa hasta que yo lo demandé. Llegamos hasta el punto de pintar la habitación de rosa fucsia, y creo que lo aborrecí tanto que es cierto que ahora para vestir por ejemplo no lo uso (entre otras cosas porque tampoco me gusta cómo me sienta, pero no solo me pasa con ese color).

    Lo que sí es cierto, y hasta que no te he leído no he caído, es que en la adolescencia, cuando decía que no me gustaba el rosa, entre los chicos llamaba la atención y yo por supuesto me creía guay, y de ahí ya pasaba a decir que lo odiaba, cuando en el fondo simplemente me era indiferente como muchos otros colores. Cosa absurda cuando lo miras con perspectiva.

    Como bien has dicho, es un color más. Me encanta cuando en el cole los peques hablan de los colores, a todos les encantan todos los colores y con esas edades todavía no entran en lo absurdo de que hay un color de chicos y otro de chicas (aunque por desgracia más adelante sí).

    Por supuesto no tengo un color favorito, pero sí tengo un color para cada cosa (para vestir el negro por encima de todas las cosas, para decorar los grises y el amarillo mostaza), pero en general no odio ningún color, ni siquiera el rosa :)

    Me ha resultado muy curiosa esta entrada!

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    1. Ay, qué real eso de querer llamar la atención entre los chicos. Es la etapa de nuestra vida en la que nos gusta gustar y todo parece girar entorno a ello (por algo también se le llama a la adolescencia como "la edad del pavo" jajajaja). Me encanta lo de tener un color para cada cosa, ¡creo que me pasa algo parecido! Hoy en día no "rechazo" ningún color, pero sí que los aborrezco según su propósito. Por ejemplo, no soporto el naranja en el interiorismo pero sí en la naturaleza y en la comida. No sé si me explico jajajaja ¡Gracias por pasarte! ¡Un besote!

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  3. Oh, cuanto de mí en esa historia xD Yo en realidad no tanto con el color como con la forma de vestir. Recuerdo pasar automáticamente de los vestiditos con lazo en el pelo a juego a los vaqueros, las camisas de cuadros y la coleta alta. Un día en 1º de la ESO un profesor un tanto imbécil me sacó a la pizarra y mientras contestaba lo que me había preguntado me soltó: "tú sabes que las faldas existen, ¿no?". Y mi respuesta a ese comentario tan machista e inapropiado fue cerrarme aún más a que yo no quería vestirme para contentar a dinosaurios como él. Así que más vaqueros y más cuadros. Y también me negaba a maquillarme, pero más que por eso porque a base de bullying e insultos me habían metido en la cabeza que era demasiado fea y, total, ¿para qué me iba a arreglar? Por suerte un día en primero de carrera mi compañera de cuarto cuando vio que iba a ir a una cena de Navidad sin arreglar me cogió por banda, me arregló el pelo, me maquilló y me eligió la ropa. Y de repente vi que tampoco estaba tan mal. Así que a partir de ahí empecé a arreglarme más y a vestir diferente. Y entendí que eso no me hacía más obediente a personas como aquel profesor de 1º de la ESO, porque me arreglaba para mí y punto. Vaya parrafada que te he soltado. Jajaja. Pues eso, que me ha encantado lo que has escrito, Noelia =)

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    1. ¡Muchas gracias por pasarte, Azucena! Es muy doloroso ver cómo hay comentarios y experiencias que nos calan tan hondo y durante tantos años. Yo también tuve unos años de creer lo negativo que decían de mí y, en consecuencia, "dejar de intentarlo". Años de creer que me sentiría estúpida si me acicalaba, como si me dejase en evidencia. Pero luego aprendes que el hecho de querer verte bien no es algo de lo que debas avergonzarte. ¡Es algo genial! Que te hace sentir querida (por ti misma), mimada. Te consientes con ropa nueva y te relajas cuando dedicas unos minutos a maquillarte o a desmaquillarte/hidratarte por las noches. Es muy importante que nos demos EL VALOR que tenemos, que nos dediquemos a nosotras aunque sea un ratito y la vida se nos haga bola. En fin, parrafada de vuelta jajajaja ¡un besito!

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  4. ¿Cuánto rosa quieres? Sí. ¿He muerto con cada foto? Sí. Qué reflexión más bonica haces jo.

    Ay, nunca fui muy de rosa, ni de pequeña, pero no lo odiaba, no le tenía tirria, hasta que... llegó el instituto ¡Que horror! ¡Que época tan espantosa! Que poquitas ganas tengo de ser madre al recordarla y aún más al estar viendo a mi hermana entrar en los 13 años (no sabes si reír, llorar o darle un abrazo jajaja).

    El rosa era de pijas y punto, de pijas malvadas, mean girls en toda regla :') así que yo me pase al negro, ya no es que abandonase el rosa es que abandoné todo color y sólo llevaba negro. Holi, te saluda Sonia la gótica friki. ¿Maquillarse? Eso también era de mean girls. ¿Vestidos o faldas? No way amiga. La única lección que saco de todo esto es que la adolescencia es una capulla y los bullies bueno, llámame rencorosa pero ojalá la vida les de un bofetón. ¡Tantos años perdidos en mi colección de vestidos de verano!

    Dejar el instituto hizo que el color volviese poquito a poco al armario, y del color pasamos a los vestidos, y de los vestidos ¡A los vestidos con FLORES! Créeme la Sonia de 14 años hubiese muerto del infarto. Ya no fue sólo la ropa, fue un rechazo en general a mil cosas ¿bailar? lo hacía en primaria y me encantaba, ¿instituto? dios mío qué cojones voy a bailar yo con lo fea y gorda que estoy.

    Qué bien que los años pasan y maduramos como un buen vino, ¡que bien poder disfrutar de todo de nuevo sin sentirnos menos! ¿quieres rosa? ¡toma rosa! ¿quieres tacones? ¡taconea! ¿quieres los morros bien rojos? ¡adelante! ¿quieres ir en chandal con la cara lavada? suit yourself

    Y creo que me he pasado, bueno, en definitiva: para gustos colores.

    ¡UN ABRAZOTE!

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    1. "¿Cuánto rosa quieres? Sí", título de mi biografía jajajaja Ay, sí, qué época eh, ¡y qué ganas de huir de las mean girls! Comparto rencor, a día de hoy me resultaría imposible ser cordial con esas personas que me amargaron la vida (a mí entre otras tantas víctimas). Soy tan ingenua que a veces fantaseo con que me abran conversación y se disculpen, porque... joder... la gente debería tener algo así como remordimientos, ¿no? Menos mal que con el tiempo no necesitas ni siquiera esas disculpas, al final vuelves a abrazar todo lo que tú misma cancelaste por culpa de los factores externos. Y vuelven las flores, los vestidos, el quererse y el verse bonita como algo NICE. ¡Y BAILAR UN MONTÓN! ¿Por qué creemos que estamos ridículas haciendo algo que nos gusta? Ridículos son los que se quedan en una esquina muertos de vergüenza. ¡TACONEO y abrazote!

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  5. Madre mía, creo que todas hemos pasado por ahí. En mi caso nunca me gustó demasiado el rosa, prefería el amarillo, y mi madre más me ponía rosa. Lo acabé rechazando. A día de hoy sigue sin gustarme vestirlo, pero he cogido el gusto a las sombras de ese color. Vueltas que da la vida jajajaja

    Ah, mi color favorito es el azul junto con el negro.

    Un beso.

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    1. Es que las sombras en color rosita (¡un color súper natural que solemos encontrar en labios y mejillas!) favorece un montón. Es cierto que muchas veces tendemos a rechazar lo que nos imponen a la fuerza. Yo con la cebolla JAJAJA ¿sabías que el azul es el color más "aceptado" del mundo? El que más gusta según la teoría del color. Es que donde esté un cielo azul... que se quite el resto. ¡Un besote!

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  6. Maravillosa reflexión!! Estoy segura que la mayoría de nosotras nos sentimos identificadas leyendo estas líneas.

    Por alguna razón a mí no me metieron el rosa a presión cuando pequeña, pero a medida que iba creciendo junto a mi prima (mismísimo año) ella se asoció el azul y a mí me "dio" el rosa, que poco a poco empecé a resentir también.

    Y bueeeeeeno la adolescencia, por favor! Ojalá volver a esa época y también darme tres guantazos. Que si época punki, gótica, emo. Que qué incomprendida era yo! Y luego que mientras más amigos chicos tengas, más guay eres. ¿Cuántas veces nos hemos sentido alagadas por eso de "Es que no eres como las otras chicas"? Lo pienso ahora y me entran náuseas.

    Ahora, sin dudarlo ni un segundo, el color que más me habla es el rosa palo/rosa pastel. No para vestir ya que mi tono de piel no me lo permite, pero para todos los accesorios posibles: rosa rosa rosa. Y muuuuchas flores.

    Y es que... ¿Hay algo más bonito que un cielo rosado al atardecer?

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    1. Jajajaja sí, qué coraje que toda nuestra validez girase entorno a un "tú eres especial". Y lo de sentirse más guay que las demás por no seguir modas y ser diferente (y muchas veces, por buscar esa exclusividad divina, yo al menos iba hecha un cuadro en cuanto a ropa se refiere). El rosa palo es *EL MEJOR* rosa. Yo es que ahora ya no puedo evitar elegirlo para todo: para pinceles, para macetas, para la cámara Instax... el fucsia aún me cuesta, eso sí. Y cuando el cielo está rosa, como tú dices, nunca he fallado en hacerle una foto. ¡Gracias por pasarte! ¡Un besote!

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  7. A mi también me ha pasado. No es mi color favorito y por suerte de pequeña no me vestían mucho de rosa. Pero cuando me quedé embarazada me horrorizó que solo "existieran" dos colores de bebé y dije que si tenía una niña nunca la vestiría de rosa. ahora me trago mis palabras porque le compro cosas rosas, pero también de otros colores y espero que ella sea libre de elegir el color que más le guste. Lo que más rabia me da es que como no lleva pendientes cuando no va de rosa la llaman niño, pero creo que el melón de los pendientes darua para otro post.

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    1. AIX, muy cierto lo de "imponer" pendientes... ¡eso da para otro post! A mí de bebé me los hicieron mal... asimétrica desde los poquitos meses. Qué rabia. Tengo una amiga que sí pudo elegir y se los hizo ya de mayor. Me horroriza un poco lo de que un bebé tenga que llevar JOYAS. Es que ni bisutería (hay cositas de clip muy dignas). Si al crecer quieren llevar pendientes basta con decidirlo. No es un dolor "traumático" que tengan que sufrir de bebés para que no lo recuerden, es una imposición que es mejor evitar. Que tú la vistas con más o menos lazos/color rosa no es algo irreversible como un agujero. Y lo digo yo que, insisto, los tengo mal hechos para más inri. ¡Santa paciencia tenemos con todos estos estereotipos! ¡Gracias por escribirme! ¡Un besito! (¡y otro para la nena!)

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  8. Pues a mi no me ha pasado! El rosa era un color sin más cuando era pequeña, de hecho me gustaba el naranja y el amarillo! El momento de añadir rosa a mi vida es ahora, cuando soy ya adulta :)
    No tenía ni idea de que por "culpa" de un color hayan podido pasar tantas cosas en la infancia y adolecencia de alguien.
    Ah! De pequeña, siempre me ha dado igual el género de una persona, si él quiere jugar a muñecas conmigo genial (mi primo, por ejemplo) y si ella quiere jugar a fútbol conmigo genial también! Si, con falda y los odiosos leotardos que siempre acababan rotos jeje
    Me ha gustado mucho tu publicación! Es muy cercana y muestra una realidad que para mi es nueva al no haberla vivido :)
    Besitos~

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    1. ¡Es genial poder crecer con esa libertad! Yo creo que sobre todo tuve la época de rechazo por lo que viví en el colegio/instituto. De pequeña por desgracia sí que he visto el lado opuesto a todo esto: que a un niño se le recriminase el querer jugar con maquillaje o con muñecas. ¡Qué tontería! Y qué dañino es. Yo podía ensuciarme jugando con la pelota o a tirarme piedras con otros (literal lo de las piedras jajajaja) pero otros miembros de mi familia recibían una reprimenda si el plan era... femenino. Muy triste. ¡Gracias por tu opinión y por tus palabras bonitas! ¡Besitos!

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  9. Odié el rosa toda mi infancia. Le llamaba "rosa marujita" (no sé por qué; tenía yo esas salidas de pequeña, que me creía monologuista del Club de la Comedia o algo). No recuerdo que me forzasen a que me gustase el rosa, ni ningún otro color. No porque fuesen mis padres unos abanderados de la igualdad de género, que crecimos en los 90 y ya sabemos cómo estaba la cosa (y cómo sigue coleteando a día de hoy), pero justo con los colores no notaba yo adoctrinamiento alguno. No era repipi, ni femenina, ni cursi. Era más bien machorrilla. Intuyo que puede venir de que soy la pequeña de dos chicas y mi padre hizo de mí el hijo que sabía que nunca tendría y tanto ansiaba.

    El caso es que, contra todo pronóstico, desde hace unos cuantos años me flipa el rosa. Me parece bonito y me alegra. Hasta te diría que el rosa me sabe bien y me huele bien (?). En realidad no hay colores que me disgusten (tal vez no me gusten todos para vestir o para pintar una pared, pero cada uno me gusta al menos para una cosa) y creo (CREO) que no asocio colores con sexos (aunque sí me sucede con otros símbolos, muy a mi pesar y cada vez menos).

    Me ha encantado el post y me gustaría un montón que de vez en cuando trajeras más reflexiones de este tipo. Sólo debatiendo y exponiendo nuestros pareceres y experiencias podemos crecer, aprender, deconstruirnos y levantar lo que queremos llegar a ser.

    PD: Mis colores favoritos a día de hoy son, en este orden: amarillo, rosa y negro. Y cualquier combinación entre ellos.

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    1. Es que no nos damos ni cuenta pero cuando absorbemos la creencia de que "cuanto más masculino, mejor, más guay" entramos en esta fase de rechazo para demostrarle al mundo que eh, soy guay porque no me gusta el rosa. ¡Y eso es muy absurdo! Lo ideal es eso, no rechazar ningún color porque absolutamente todos ellos están en la naturaleza. Sí que es normal que uno u otro nos guste más para según qué cosas (para vestirnos, para elegir accesorios, para decorar nuestro hogar), ¡es normal tener preferencias! Pero... ¿cancelar un color? Nunca más, thanks. ¡Muchísimas gracias por pasarte! ¡Pensaré qué otras reflexiones os puedo traer por aquí! ¡Un abrazo!

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  10. Recuerdo que el rosa lo odié de pequeña, no recuerdo un porqué, solo recuerdo que lo odiaba.

    Recuerdo decir que mi color favorito era el azul, después el rojo, llegando al negro y ahora al naranja.

    Lo que sí recuerdo, es como era de femenina cuando estaba pequeña, de usar unos tacones con ganas de estar igual al mundo, de mini faldas y tops; entré a la adolescencia, y todo fue un giro, recuerdo que fue más por mis inseguridades el no ser "suficiente delgada" como para lucir tales prendas (aunque ya era delgada) tomando como pensamiento perfeccionista "sólo se te verá bien, si estás delgada, si tienes mejor cuerpo, etc." Y como pensamiento también de ser admirada por algo más que el físico, tenía que ganar, tenía que ser la más lista prefiriendo inteligencia y logros antes que el físico; llegué a la universidad y conocí a una chica, que todos la querían, porque además de ser Bonita y súper femenina era cálida, su color era el amarillo era alegría por donde fuera aunque estuviera triste, me enseñó a que podría sobresalir, siendo más femenina, regresando a usar faldas, vestidos, pantalones, maquillaje y accesorios, sentirme más bonita y se lo agradezco, le agradezco que me haya dado la confianza al vestir y saberme arreglar; creo que merecemos a alguien que nos diga que sí somos y podemos vernos bien siempre.

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    1. Qué bonita tu historia, ¡me ha emocionado muchísimo! Muchas gracias por compartirla conmigo y por escribirme. Es muy importante que nos encontremos con esas personas que nos ayudan a reencontrarnos con nosotras mismas. Esas personas que son amarillo, alegría, luz. Que nos aportan y no nos restan. Sigue queriéndote mucho, por favor. Porque LO VALES.

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